Economía Al Día

La Operación Duarte buscó controlar el mercado cambiario informal para estabilizar la economía dominicana.

6 minutos de lectura
Victor Manuel Grimaldi Céspedes.

Victor Manuel Grimaldi Céspedes.

Escuchar el artículo
Detener

Santo Domingo.– Desde 1976, independientemente de los trabajos y responsabilidades que pude tener en distintas etapas de mi vida pública, inicié un proyecto que marcaría mi relación permanente con la economía dominicana y con la opinión pública: un programa de televisión semanal llamado Economía al Día.

Economía al Día: un programa de referencia en la economía nacional

Se transmitía los fines de semana —unos períodos los sábados, otros los domingos— porque el día de transmisión fue variando con el tiempo, como ocurría en la televisión de entonces, cuando la señal por ondas radioeléctricas dominaba el panorama mediático y el país entero se sentaba frente al televisor.

Economía al Día nació en una época en que la televisión tenía una influencia directa, casi pedagógica, sobre la población. Fue un programa de alta aceptación, seguido por sectores empresariales, técnicos, funcionarios y ciudadanos comunes interesados en entender qué estaba ocurriendo con la economía nacional en tiempos particularmente complejos.

El domingo 17 de agosto de 1986, apenas un día después de la toma de posesión del presidente Joaquín Balaguer —el 16 de agosto—, acudió a mi programa el licenciado Luis Julián Pérez, recién designado gobernador del Banco Central de la República Dominicana. Recuerdo bien que fue un programa en vivo y estoy casi seguro de que fue domingo.

Luis Julián Pérez no era un funcionario improvisado. Era un abogado con sólidos conocimientos económicos, una figura pública conocida desde la época de Trujillo, en la que había ocupado funciones relevantes.

    En aquel programa, con la solemnidad que imponía el cargo recién asumido, hizo una declaración que no pasó inadvertida: afirmó que el peso dominicano, que había sufrido una fuerte devaluación en los años previos, recuperaría su valor. Llegó a decir que, si no volvía a la paridad uno a uno con el dólar, al menos bajaría a dos pesos por dólar. En ese momento, la tasa rondaba los cuatro a cinco pesos por dólar.

    Ese anuncio tenía un contexto dramático. Durante el gobierno del presidente Salvador Jorge Blanco, la devaluación había sido particularmente aguda. En abril de 1984, el país vivió una de las explosiones sociales más violentas de su historia reciente: una poblada masiva provocada por el impacto de las medidas económicas, que solo pudo ser contenida mediante una represión policial y militar de enorme dureza. Hasta hoy se desconoce la cifra exacta de víctimas. Se habla de cientos de muertos y heridos —doscientos, trescientos, cuatrocientos— sin que exista un número definitivo.

    Cuando Balaguer regresa al poder en 1986, el país arrastraba un endeudamiento externo significativo y venía de un programa de ajuste aplicado en el último año del gobierno de Jorge Blanco, que había logrado cierta estabilidad monetaria, pero a costa de una recesión evidente.

    La economía estaba, en buena medida, paralizada.

    Balaguer tenía una convicción clara, forjada durante sus famosos Doce Años: la economía se dinamizaba con inversión pública, con gasto del Estado, pero sobre todo con obras públicas. Así, inició un ambicioso programa de construcción. Sin embargo, el financiamiento de muchas de esas obras se realizó mediante lo que se conocía como pesos inorgánicos, es decir, emisión monetaria desde el Banco Central.

    Ahí surgió la contradicción central. La política monetaria restrictiva que pretendía sostener el Banco Central chocaba frontalmente con la política expansiva del gobierno. No había armonía. Las tensiones se hicieron insostenibles y, al año siguiente, Luis Julián Pérez renunció a la gobernación del Banco Central.

    Operación Duarte y la gestión de Roberto Saladín

    Balaguer designó entonces como gobernador al licenciado Roberto Saladín. Bajo su gestión, y con el respaldo de la Junta Monetaria —o de una parte significativa de ella—, se puso en marcha un proyecto de gran impacto: la Operación Duarte.

    El objetivo era que el Banco Central pasara a controlar directamente los ingresos de divisas, con algunas excepciones. Se desató una campaña intensa contra el mercado cambiario no regulado, considerado ilegal, porque el Estado necesitaba desesperadamente dólares. Se cerraron casas de cambio y se persiguieron operaciones informales.

      En 1988, cuando Balaguer llevaba ya dos años en su nuevo período presidencial, invité al doctor Saladín a Economía al Día. El programa se grababa los viernes, y aquella fue una grabación. Duraba una hora, pero decidí dedicar solo media hora a la entrevista con el gobernador. En la segunda mitad participarían Elena Viyella de Paliza, entonces presidenta de la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios, y Jaime Bonetti, dirigente empresarial de ese mismo gremio.

      Elena Viyella y Jaime Bonetti estaban presentes, escuchando toda la entrevista. Fue entonces cuando el doctor Saladín, visiblemente molesto por lo que consideraba irregularidades en el mercado de divisas, acusó directamente, durante la grabación, a la familia Pellerano y a la familia Bonetti de ser responsables de esas prácticas.

      La entrevista terminó. El gobernador se retiró. A continuación grabé la conversación con Elena Viyella y Jaime Bonetti. Todo quedó, aparentemente, cerrado. La cinta quedó en el canal.

      Ese mismo mediodía, ya en mi casa, recibí una llamada telefónica.

      —Le va a hablar el señor José Miguel Bonetti —dijo una secretaria.

      —Ah, póngame al amigo José Miguel Bonetti Guerra —respondí.

      José Miguel Bonetti era entonces vicepresidente ejecutivo de la Sociedad Industrial Dominicana, la Manicera.

      —Víctor —me dijo—, me he enterado de que el doctor Roberto Saladín hizo una alusión a nuestra familia sobre el tema del mercado de divisas. Eso no es así, y si se transmite de ese modo, puede causarnos serios problemas empresariales.

      —José Miguel —le respondí—, esa es la opinión de él. El programa ya está grabado.

      —¿Y qué se puede hacer?

      —Lo único posible —le dije— es que hables directamente con el doctor Saladín, para que no se transmita esa parte, o que grabemos nuevamente la entrevista.

      Así ocurrió, y se grabó posteriormente otra conversación con el gobernador.

      Ese episodio, aparentemente menor, revela con claridad el clima de tensión económica, política y empresarial de aquellos años, cuando la moneda, las divisas, el poder del Estado y la responsabilidad de la palabra pública se entrelazaban en un país que todavía cargaba las heridas abiertas de la crisis social y económica de la década de los ochenta.

      A la semana siguiente estuvo en mi programa de televisión José Miguel Bonetti guerra.

      Victor Grimaldi Céspedes

      Victor Grimaldi Céspedes

      Biografía completa »
      Sígueme en :
      LO MÁS LEÍDO
      LO MÁS VISTO
      TE PUEDE INTERERSAR