Violencia domestica y la ideología de genero

Reducir los feminicidios, los homicidios y los suicidios a un simple asunto de creencias y costumbres sociales o culturales: Machismo-feminismo, es un salto de fase en nuestra obligación democrática de darle respuestas estructurales, a una demanda política, social y económica que provoca estragos en la familia y la sociedad.

Comprender que la pasión amorosa es un sentimiento salvaje, animal, prepolítico y precultural ha sido difícil para las autoridades.  Es este el principal escollo para la anticipación y prevención, con métodos y programas audaces y certeros, cuando la mercantilización de la vida impone nuevos modelos de masculinidad y de feminidad.

Pensemos que la posesión sexual tiene un sentido más profundo, que incluye dominio y sumisión real, dependiendo de donde esté el poder en la pareja.  Que la pasión amorosa es egocéntrica, púes el fin de cada uno de los amantes es que el otro le haga feliz, y cada quién, por ende, quiere ser feliz a expensas del amor del otro.  Significa que los medios, los deberes y los recursos de uno deben servir a los fines de la felicidad del otro.  Nada de esto tiene que ver con la canción “El Amor” de José Luis Perales, inspirado en la Primera Carta a los Corintios.

Miremos la familia como un mundo en pequeño, donde aparecen las tensiones, las posibilidades, las disponibilidades propias de las distintas formas de amores.  Unas expresiones afectivas que, luego, circulan, interactúan y se juntan con los trajines y afanes de la cotidianidad de los esposos, los hijos, los familiares y los de su ambiente social.  Antes, durante, después y al margen del matrimonio.

Son estas tensiones y presiones las que han fracturado la tradicionalidad familiar, pero, además han impuesto los medios y las formas de legitimación del dominio en el hogar.  Es por eso, que quién dispone de más recursos mercuriales manda en la casa, en los hijos y en los familiares.  Sin embargo, a pesar de que la mujer mande, sigue sometida a estructuras tradicionalistas, por las costumbres y las creencias que permiten abusos socialmente aceptados.

Pedimos a las autoridades que estudien, con cautela, las golpizas y las muertes recientes, entre parejas homosexuales y gay lesbianas.  Estos conflictos salen de sus hipótesis de violencia de género, y entran en el campo de dominio y obediencia.  Son los resultados de la circulación constante de los cambios que ejercen uno sobre el otro, o de los riesgos de estos nuevos modelos de pareja.

Permiten los hombres que la mujer se independice económicamente, sin renunciar a la esclavitud del doble trabajo con todas sus consecuencias.  Aquí surge otro riesgo de violencia domestica.  El hombre o la mujer aceptan la independencia del otro, más insisten en controlar la libertad, el dinero y el espacio del otro.  Descubrimos un motor de la pirotecnia de violencia que abate a muchas familias.

Necesitamos, con urgencia, cortar estos fuegos, aplicando dispositivos y controles conductuales que operen, automáticamente, como frenos del carácter y la personalidad de los individuos.  Puesto que el amor pasional cuando es generosidad pura, el afán por conseguir la felicidad del otro es centrifugo; pero, cuando juega el poder, dominio y sumisión, se vuelve centrípeto.

Deberíamos promover programas estructurales que refuercen el conocimiento y razonamiento moral en la población, para la creación de nuevos valores culturales y de convivencia, a fin de renovar, éticamente, nuestras creencias, sentimientos, deseos y necesidades.  Púes, solo así, descubriremos nuevas legitimidades del poder, nuevos modelos de obediencia, con el objetivo de alcanzar otras formas de unión entre personas que, antes del matrimonio, son libres.

 

 

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Fernando Sibilio

Fernando Sibilio

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