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Primera encíclica del papa Francisco completará la inacabada de Benedicto XVI

Fuente externa.

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CIUDAD DEL VATICANO.- La primera encíclica del papa Francisco, que se presentó en la mañana de este viernes en la Santa Sede con el nombre “Lumen fidei” (La luz de la fe), finalizará la que dejó inacabada su predecesor Benedicto XVI con motivo del Año de la Fe, la cual no pudo terminar por renunciar al pontificado, el pasado 28 de febrero.

La presentación estuvo a cargo del cardenal Marc Ouellet, P.S.S., prefecto de la Congregación para los Obispos, y de los arzobispos Gerhard Ludwig Müller y Rino Fisichella, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, respectivamente.

Ha hablado en primer lugar el arzobispo Gerhard L. Müller explicando que en la Lumen Fidei las temáticas se dividen en cuatro partes como “cuatro cuadros de una única grande pintura”.

“En la primera parte -ha dicho-, a partir de la fe de Abraham, que presenta al hombre reconociendo en la voz de Dios “una llamada profunda, inscrita desde siempre en su corazón ”, se pasa a la fe del pueblo de Israel. Un continuo pasaje de la “tentación de la incredulidad” y la adoración de los ídolos, “obras de las manos del hombre”, a la confesión “de los beneficios de Dios y al cumplimiento progresivo de sus promesas. Se llega así a la historia de Jesús, compendio de la salvación, en quien todas las líneas de la historia de Israel se unen y concentran. Con Jesús podemos decir definitivamente que “hemos conocido y creído al amor que Dios tiene por nosotros”, porque Él es “la manifestación plena de la fiabilidad de Dios”.

En la segunda parte, la encíclica pone la verdad como una cuestión que se coloca “en el centro de la fe. “La fe es un evento cognoscitivo relacionado con el conocimiento de la realidad: “sin la verdad, la fe no salva… permanece una hermosa fábula… o se reduce a un bello sentimiento”.

“La fe, -ha recordado- abriéndonos al amor que viene de Dios, transforma nuestro modo de ver las cosas “en cuanto el mismo amor trae una luz”. El amor es auténtico cuando nos une a la verdad, mientras la verdad nos atrae a ella con la fuerza del amor. “Este descubrimiento del amor como fuente de conocimiento, que pertenece a la experiencia originaria de cada hombre”, nos es testimoniada justamente “por la concepción bíblica de la fe” y constituye uno de los énfasis más bellos e importantes de esta encíclica”…La fe nos ayuda por tanto a alcanzar en profundidad los fundamentos de la realidad. En ese sentido, se puede comprender el nivel en el cual la luz de la fe puede “iluminar los interrogativos de nuestro tiempo en cuanto a la verdad”, es decir las grandes preguntas que surgen en el corazón humano frente a la totalidad de la realidad, sea en relación a su belleza que a sus aspectos dramáticos”.

Monseñor Müller ha destacado varios puntos relevantes de la encíclica. Primero, “el lugar genético de la fe, señalando esta como evento que toca íntimamente la persona, pero no cierra el “yo” en un aislado y aislante “tú a tú” con Dios. De hecho, la fe -ha dicho- “nace de un encuentro que se produce en la historia” y “se transmite… por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama”.

La encíclica, según monseñor Müller “quiere reafirmar de modo nuevo, que la fe en Jesucristo es un bien para el hombre y “es un bien para todos, un bien común”: “su luz no luce sólo dentro de la Iglesia, ni sirve únicamente para construir una ciudad eterna en el más allá; nos ayuda a edificar nuestras sociedades para que avancen hacia el futuro con esperanza”.

En Lumen fidei, el Pontífice no olvida los dos acontecimientos que caracterizan este año: el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II y el vigésimo de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. “Por lo que se refiere al primer evento -ha comentado el prelado- el Papa Francisco reafirma que fue un “concilio sobre la fe”… que tenía el objetivo de poner en el centro de la vida de la Iglesia el primado de Dios y la exigencia de decirlo hoy, en una sociedad y una cultura diferentes, de forma comprensible y creíble. Por cuanto concierne al Catecismo, en cambio, la Iglesia subraya su validez como instrumento a través del cual la Iglesia cumple su obra de transmisión de la fe con la memoria viva del anuncio de Jesucristo.

Hay que notar, además, que en este contexto el Papa Francisco hace hincapié en el gran valor que posee la Profesión de fe, el Credo… una oración que hace sentir la fe como un dato vivo y eficaz en la vida de los creyentes, que a menudo experimentan un analfabetismo injustificado acerca de los contenidos de la fe. En estas páginas se reafirma el profundo valor que posee el Credo, no solo para recordar la síntesis de la fe, sino sobre todo para comprender el compromiso de cambiar de vida… El que cree está llamado a vivir responsablemente en el mundo”.

Anteriormente, Benedicto XVI, durante su pontificado, había presentado tres encíclicas: “Deus caritas est” (Dios es amor), sobre el amor y la caridad eclesiástica; “Spe salvi” (Salvados en la esperanza), sobre la esperanza cristiana; y “Caritas in veritate” (Caridad en la verdad), de carácter social.

Juan Pablo II publicó catorce encíclicas, la primera en 1979, “Redemptor hominis”, en la que trazó los principios de su ministerio papal; y la última en 2003, “Ecclesia de Eucharistia”, sobre la Eucaristía.

Las encíclicas son cartas solemnes sobre asuntos de la Iglesia o determinados puntos de la doctrina católica dirigidas por el Papa a los obispos y fieles católicos de todo el mundo.

Abordan asuntos religiosos y relativos al culto y también temas sociales, morales o éticos.

Tienen su origen en las epístolas del Nuevo Testamento y son los documentos más importantes que escribe el Pontífice.

Una encíclica suele estar redactada en latín, el idioma oficial de la Santa Sede, y traducida a las principales lenguas del mundo y su título se toma de sus palabras de inicio.

La primera de la historia de la Iglesia fue escrita por Benedicto XIV en 1766.

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