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Una premiación extraordinaria y merecida

José Báez Guerrero.

José Báez Guerrero.

La mayoría de quienes hemos admirado la obra literaria de José Mármol estamos regocijados. Es por la muy merecida adjudicación del Premio Nacional de Literatura, que reconoce la vida del escritor galardonado, pese a que por su juventud él mismo se define, con genuina modestia pero equivocadamente, como un “incurable aprendiz”.

El jurado integrado por los rectores de las universidades Central del Este (UCE), Católica Santo Domingo (UCSD), Pontificia Católica Madre y Maestra (PUCMM), Instituto Tecnológico (INTEC), Autónoma (UASD) y Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), el ministro de Cultura y la patrocinadora Fundación Corripio, escogió a unanimidad al laureado poeta y ensayista.

En su discurso de aceptación José Mármol recibió la trascendente distinción con su característica humildad y citada modestia, atributos raros en este ambiente nuestro en que cualquier patito feo se cree un pavo real.

Por encima de su importancia literaria, otra condición, por sí sola, hace de José Mármol un ser admirable. Es su calidad humana, como esposo de Soraya, padre de Yasser y Alberto (y del fugaz Rubens José), hijo de don Lolo y doña Antonia, amigo consecuente, ejecutivo exitoso y ciudadano ejemplar. José es un gran ser humano cuya pasión es la literatura. Su obsesión ha fructificado tan magníficamente por lo primero, porque el don de la sensibilidad no fue en él desperdiciado, sino cultivado con esmero para potenciarlo y alcanzar excelsitudes cada vez más sublimes y profundas.

Como contemporáneo, integrante de su generación biológica (para distinguir de las categorizaciones criollas) pero también de su “fan” club, a mí me enorgullece sentirme representado por José. Es un paradigma del creador que piensa, que ejerce disciplinadamente la sindéresis para que el sentimiento, las sensaciones, la aprehensión cruda del universo con todo lo bello y lo feo, queden pintados o dibujados con los colores de la lengua.

Escribir para subvertir, en el lenguaje y la imaginación, el régimen opresor de la realidad establecida y combatir la bochornosa inversión de la jerarquía de valores, sin incurrir en diatribas ni las estupideces del infierno grande que son los pueblos chiquitos; he aquí otra maravillosa característica de José Mármol.

Un joven con sabiduría de anciano, ¡ahora es que queda José Mármol para rato! Para alegría de su familia, amigos, lectores y admiradores, y un país ansioso de héroes auténticos que sirvan de ejemplo de los mejores valores.

José Báez Guerrero

jbg@baezguerrero.net

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