Está pasando

Mateo el exladrón

Tony Pérez.

Tony Pérez.

Treinta y dos fichas cargaba sobre el lomo hasta el día cuando el expresidente Balaguer permitió que le acompañara durante sus caminatas habituales en el Mirador, pese a las advertencias de la celosa seguridad. Desde entonces –hace dos o tres décadas–  cuenta que decidió ser un hombre bueno e integrarse a la sociedad.

Tras la muerte del controvertido político, le veo ataviado como el controvertido político, con sombrero, corbata y todo, testimoniando su época de convicto y de su nueva vida. Hoy –ha confesado–  se siente bien porque trabaja, la gente le aprecia y “hasta me invitan a la televisión”.

Mateo tiene su propia concepción sobre la delincuencia callejera que crece como hierba mala por los cuatro costados del territorio dominicano. Cuenta que conoce y puede llegar a cada suburbio, incluidos sitios impenetrables para la autoridad.

De los jóvenes bajo las garras del delito, sostiene que conoce su psicología y que puede ayudar a retornarlos a la normalidad, si el Presidente Medina se lo pide.

Y su medicina anda lejos de la tradicional. Nada de matarlos, nada de enfrentarlos con violencia, porque –sostiene– siempre tendrán la posibilidad de obtener con facilidad inimaginable, vía la frontera dominico-haitiana, mejores armas de fuego que la autoridad. Y reproducirse, para enfrentarla con fiereza. Él se presenta como ejemplo vivo de la obra que le gustaría realizar.

No sé si sus verbalizaciones sincronizan con sus adentros. Pero le compro su discurso; corro el riesgo. Y hasta le llamara, si yo fuera Presidente. Y llamara a todos sus similares porque las imposiciones “científicas” han sido infuncionales y caras. Los hombres y mujeres, como Mateo, son los mejores sociólogos en tanto teorizan desde el fuego de la práctica.

Cuando en cualquier país del mundo alguien confiesa que tuvo 32 fichas policiales, provoca un escándalo mayúsculo que puede hasta tumbar a un gobierno. En RD, sin embargo, eso sería como tomarse un vaso de agua. Ya eso es cosa común, por la corrupción judicial y policial eterna. Cuando un violador de la ley acumula tal cantidad de sometimientos es porque su cadena de hechos es casi interminable. Así que si Mateo se ha recuperado de esa rémora y quiere ayudar, es un héroe.

Probemos con él. Pero no le dejemos solo. Quienes no somos como él (y como ellos), debemos quitarle razones con los hechos, con nuestro ejemplo.

Los políticos profesionales no deberían ser tan descarados y robarse el erario. Tampoco, sin embargo, deberían hacerlo quienes, de manera hipócrita, haciéndose de independiente, se aprovechan de ellos y son unos “vivebien” en base a la corrupción, muy a pesar de discursos mediáticos hipócritas. Menos, los empresarios y periodistas oportunistas, cuya moral depende de cómo amanezca el día… y de la “cogioca”

¿Y en las familias? Deberíamos comprometernos más. Porque, ¿quién no conoce a los ladrones o narcos o los gatilleros del barrio o el residencial; y cuántas familias no viven de comprar objetos robados; cuántas saben que sus hijos fallan, empero celebran sus fechorías; cuántas reciben con agrado las prendas exhibidas por sus hijas sin preguntarles sobre el húmedo olor de romo y orgías de la víspera?

Cada quien debería hacer algo por la construcción de la paz. El gran problema de hoy es nuestra supina irresponsabilidad al delegar todas las culpas en la autoridad de turno cuando en casa hay, quizás, un Mateo ladrón, sin nada de arrepentimiento. Y que solo valoramos la tranquilidad en la medida en que la perdemos.

Si, como autoridad, apuestan a reducir el desempleo, la carencia de viviendas, el hacinamiento, la pobre educación y la deficiente salud, los delincuentes tendrían menos excusas para acometer sus obras maestras: sus fechorías.

Los dominicanos y dominicanas como Mateo… esperan. ¡Manos a la obra!

tonypedernales@yahoo.com.ar

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