Cuando la economía obliga a descartar viajes y cenas románticas, San Valentín recupera su esencia más pura

Cupido

Cupido.

MADRID, España.- Frases históricas, poemas, canciones de amor y besos, muchos besos. Cuando la economía obliga a descartar viajes y cenas románticas, San Valentín recupera su esencia más pura sin coste adicional.

Al abrigo del título de uno de los boleros más famosos de la historia, se publica el libro “Bésame mucho” (Óceano Ámbar), de Francis Amalfi, en el que se recogen “142 momentos de amor y cariño”. Una antología de los ósculos más literarios, cinematográficos y poéticos de la historia, para soñar, para reír o para inspirarse.

San Valentín, una de las fechas cumbres del año para regalar, cae al abismo arrastrado por la crisis. Como si de un “revival” se tratara, renacen económicas maneras de celebrar el día de los enamorados.

Una carta, una nota sobre la almohada, junto al café o pegada al ordenador, con el sentimiento destilado en cada palabra, resulta más impagable que cualquier lujo tasado.

El romanticismo regresa envuelto en papel de regalo para los sentidos, San Valentín puede seguir celebrándose a un módico precio, con un poco de imaginación y algo de desvergüenza para escribir sobre aquello que más ama.

Platón fue muy claro al respecto, “Cuando es tocado por el amor, todo el mundo se convierte en poeta”. Todo un impulso para decidirse a recuperar el género epistolar.

“Bésame mucho” recopila frases y escritos de Shakespeare a Marilyn Monroe; de Gustavo Adolfo Bécquer a Henry James o Coco Chanel y otros muchos que vivieron, hablaron o reflexionaron sobre el amor y la pasión. Citas que han quedado para la historia y que recopiladas muestran el camino directo hacia el romanticismo y la pasión.

Amalfi señala que el beso, ese “gesto” que en sí mismo reúne una declaración de intenciones sobre la amistad, la ternura, la pasión, el deseo, el amor, transmite más “que una conversación”.

“Los grandes besos no necesitan pensarse. Sólo dependen del sentimiento”, dijo el escritor americano J. B. Cabell.

A lo largo de una vida aparecen en la memoria besos robados; besos regalados; besos reales e imaginarios; intensos o breves; profundos; con fuerza; serenos; los que no se dieron y por encima de todos ellos el primero en el recuerdo de todos.

Respecto a este último, la actriz Mae West se perfila como una maestra en la materia. “He tropezado con algunos hombres que no sabían cómo se besa. Y siempre he encontrado tiempo para enseñarles”.

Si hablamos de pasión, una de las frases que ha quedado para la posteridad ha sido la de la diseñadora francesa Coco Chanel, cuando al ser preguntada sobre dónde deberíamos ponernos el perfume ella respondió: “Allí donde quieres que te besen”.

Besos que dibujan viajes “a otro mundo”, como los de De Musset; o que convierten al destinatario “en un emperador”, como escribió Shakespeare o en “inmortal” como los de Marlowe.

Besos de cuenta bancaria, tal y como los definió Marilyn Monroe: “En Hollywood es un lugar donde te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma”. Besos de cine, besos amargos, besos tristes.

Un beso como un volcán en erupción, como los del poético y descriptivo Lord Byron. “Un beso largo, largo, rebosante de juventud, de vida y de belleza, captura los rayos divinos en un solo punto. Estos besos pertenecen a la edad de oro, cuando el corazón, el alma y el intelecto se unían haciendo de la sangre, lava y del pulso, fuego, cada beso un terremoto para el corazón”.

 

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