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Urgente: Profes importados y fin de la familia

Tony Pérez.

Tony Pérez.

Desde los gobiernos de Leonel Fernández, nuestras autoridades han cultivado un enamoramiento desbordado con España que ha hecho hasta olvidar la gigante deuda económica y social que ese país europeo tiene con nosotros a partir del “descubrimiento”, en 1492. Todo lo español es perfecto, desde esa irracionalidad. Grave sería que la nueva gestión de Danilo Medina mantenga esa fijación, sin aparente revisión de si la conveniencia particular –y no el interés nacional- permea o no tales amoríos.

La zarandeada idea de apabullarnos con profesores y profesoras de la “Madre Patria” no nació ayer, y quizás tiene que ver más con cubrir huecos provocados por la profunda crisis económica y financiera de allá que con las demandas locales de capacitación y actualización. Si de gesto de solidaridad se trata, bien. Pero, ¿a qué precio para nuestro país pobre y subdesarrollado? Y eso es injusto.

De España hemos traído verdaderos fósiles que, en el fondo, buscan equilibrar sus finanzas personales y vacacionar pagando en pesos con los euros que les pagan aquí. A España, el Ministerio de Educación Superior ha enviado decenas, si no miles, de jóvenes a realizar maestrías. Desde España han difundido por el mundo (menos en USA) doctorados “telefónicos” (dicen que no superan una buena licenciatura) cuyas ráfagas se han sentido en este país. “Dondequiera se cuecen habas”, dice el adagio. El mundo va muy rápido y el dinero es el único protagonista, pues lo compra todo. Y la educación allá no es excepción.

Veo una gran contradicción en todo esto: si el MESCYT ha becado a miles y miles desde su creación (más durante las gestiones de Fernández), y esos profesionales regresan con notas de lujo, parece innecesario importar  “genios” en tanto –se supone–  éstos han formado y han calificado como excelentes a los nuestros. Otro dato: si miles de los nuestros pasan la “difícil barrera” de la educación superior en aquel un país desarrollado, es porque algo bueno tenemos por este lar. Otro dato: si importan miles de maestros y maestras, eso indica que la institución ha carecido de política nacional de educación que la oriente y, por tanto, deberíamos declarar como fracaso todos los esfuerzos realizados hasta ahora.

Cuando el interés puede más

Hace unos seis años, en un pasillo uasdiano, le pregunté a un funcionario de esa institución el por qué ellos no respondían a una solicitud de apoyo a un doctorado en comunicación patrocinado por la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación (Felafacs), con el aval de tres países latinoamericanos y con titulación de la Universidad de La Habana. Ante su silencio, le reiteré mi reclamo recordándole que sería un gran aporte a profesores y profesoras de la carrera en tanto los docentes serían latinos y caribeños de alto nivel y con diferentes ideologías. Entonces me contestó cortante: “Olvídate de eso, Tony; los cubanos no saben de eso; si hubiera sido con España, sí; además, eso de comunicación no va, piensen en tecnología, informática…”.

Me quedé pasmado. Sentí vergüenza y pena por él, a quien le suponía buen juicio y excelente formación en el área de humanidades. Vi que estaba atrapado en la misma red de la carencia de actitud crítica, por defender su propio bienestar.

Creo que en España hay muchos profesores excelentes y honestos. Pero también en Estados Unidos, Cuba, Colombia, Puerto Rico, Argentina, México, Brasil, Venezuela, Ecuador… Con una ventaja: están cerquita (en nuestro continente), nos parecemos más y… quizá salen menos caros. Si comoquiera los van a importar, de Europa o de Latinoamérica y el Caribe, entonces que lo hagan al margen del amiguismo y valoren lo más conveniente para el país. Que sea de lo mejor.

Tal vez los exigentes importados enseñan a las autoridades de la educación pública y privada que no se puede hacer mucho con 40 horas de docencia a la semana, salario de miseria, sin dinero ni para comprar siquiera un paquito de Memín ni apoyo oficial para actualización; sin una mesa en el aula donde colocar los enseres ni una silla donde sentarse; sin iluminación adecuada, sin soporte tecnológico; con setenta y hasta cien estudiantes apiñados en aulas sucias, peleándose por butacas, desesperanzados y pobres; sin un baño digno ni jabón para lavarse las manos, ni papel para otras necesidades…

Un profesor con salario de 2 mil euros al mes, 20 estudiantes por aula y nueve horas de trabajo a la semana, tiene otra motivación y, por tanto, podría hacer un mejor trabajo aunque esté muerto de obsolescencia.

Fin de la familia     

La médica Liliam Fondeur ha colgado en Facebook un texto preñado de sensatez que debería servir de guía a los trazadores de políticas nacionales, en tanto me parece un verdadero oasis en medio de una sequía de cautela y visión acerca de la grave violencia familiar que visibilizan los medios de comunicación.

Clama la gineco-obstetra que las mujeres no repitan los errores de los hombres, sino que se desarrollen, lo hagan bien y los acompañen, para ayudarles a cambiar sus debilidades. Mejor de ahí se daña.

Su clarinada no es nueva, pero tocada por una fémina de su estirpe, adquiere un valor especial.

Hace tiempo que he alertado sobre el radicalismo pernicioso predominante en este país ante tal problema social. Se trata de la contraposición del hembrismo (presentado como feminismo) al machismo dañino entronizado en la cultura. Una respuesta barata de resentidos y resentidas a una situación que requiere frialdad de mente.

En parte por esos “consejos” repetidos hasta la saciedad, los niveles de infidelidad femenina son alarmantes, quizá superiores a los del hombre. Al sentirse sobreprotegidas por la justicia, las provocaciones verbales y psicológicas a sus parejas son incontables; sus irresponsabilidades hogareñas, peores. Presentan un desnutrido aprecio por la unidad familiar aunque la coyuntura oculte esta falencia. Su orientación es la calle, la belleza y la búsqueda. Jamás transparentan ni comparten sus ingresos…

La prostitución no es solo de los machos. Convenzámonos poco a poco de esta mala noticia.

He dicho –perdón a los teóricos y a quienes viven del negocio–  que con tanta predisposición contra los hombres y tanta santificación a las mujeres, solo veremos un mayor desangramiento de la familia y la sociedad.

En el discurso mediático de moda subyace la idea del hombre como demonio del cual debe cuidarse la mujer. En cambio, está ausente la propuesta de compañía y solidaridad de ella. Predomina una permanente inoculación de odio, engaño y distanciamiento en la mujer bajo el soso argumento de que el macho está negado a su crecimiento. La han mandado hasta dudar cuando su pareja le advierte sobre alguna vestimenta o le alerta sobre alguna relación amistosa. Y qué es eso, si no engendro de más violencia.

Con la apuesta permanente a la represión contra los hombres y a la destrucción de matrimonios, asegúrenlo, solo veremos más hijos e hijas sin padres y madres; más muchachos y muchachas en las calles, sin orientación; más mujeres y hombres en los cementerios; más drogas; más sicarios, más corrupción, más bandas juveniles, más desorden, más violencia social… una sociedad perdida y dos o tres viviendo del negocio. Diagnostiquemos y denunciemos las malas conductas de uno y de otra, y apostemos a la comprensión y la unidad de la familia. Nada peor para un país que una justicia y una prensa tuertas.

tonypedernales@yahoo.com.ar

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