Urgente: Desvestir un santo para vestir otro

Tony Pérez.

Tony Pérez.

No gozo del don de reír a menudo, y menos a mandíbula batiente como lo hacen con facilidad personas privilegiadas. Pero, al escuchar al director de Migración, José Ricardo Taveras, me las he desquitado todas; creo que he pagado la deuda acumulada durante mi vida.

Lo único malo es que no ha sido de alegría sino para sobrevivir a la rabia y la vergüenza que me asedian y me hacen sentir que mí país ni a caricatura llega en términos institucionales.

Solo cerca de 90,000 extranjeros están legalizados, y de ese total, el 12% (10,800) es haitiano. Espeluznante. Para infartarse, cuando él mismo apenas puede especular que la cantidad de haitianos indocumentados en nuestro territorio ronda entre 1 y 2 dos millones. Casi 11 mil de 2 millones ¡Válgame, Dios! ¿Cuánto ha gastado el Estado en pagos a funcionarios y empleados de Migración y demás instituciones vinculadas, durante décadas? Supongo que demasiado, para que hagan nada.

Entrevistado el jueves 10 de enero en el programa “Esta noche” por “On TV”, no dio cifras sobre ilegales de otras nacionalidades, pero, en vista de lo “democrática” de la frontera con Haití y nuestro siempre renovado complejo de Guacanagarix, asumo que por nuestras calles de Dios debe de haber unos cuantos colombianos, cubanos, chinos, pakistaníes, rusos, árabes, senegaleses, chiitas, alemanes, franceses, españoles… Quién sabe si redondean un 0.5%. Un porcentaje que a muchos –y a mí también–  parecería poco significativo, si entran porque aman nuestras bellezas y no son delincuentes que huyen a la justicia de sus respectivos países.

HUMANO PERO NO MASOQUISTA

Nada haitiano me es ajeno –Perdón a Terencio por el parafraseo–. Ningún haitianólogo ni haitianofílico patrocinado puede, por tanto, darme cátedra sobre el trato humano que urgen los pobladores de la nación  del oeste de nuestra isla Hispaniola. Porque de la frontera vengo yo y no me anima ni hálito de racismo. Ni asomo de asco por su indigencia, de la que no tengo culpa, porque quienes los metieron en ese tollo fueron sus depredadores locales y externos.

Su caos, sin embargo, jamás debió ser nuestro caos. República Dominicana está minada de haitianos sin ningún control. El Estado no sabe cuántos son, ni dónde viven, ni de qué sufren, ni cuántos trabajan, ni cuántos son mendigos, ni cuántos son vagos; ni cuántos cumplen las leyes ni cuántos las incumplen… Reproducen aquí el mismo desorden que sufren en su territorio gracias a sus políticos, a sus empresarios… y a ellos mismos. Y nuestras autoridades lo han permitido. Por miedo, una veces; por complicidad, otras.

A la vista que una buena parte de ellos trabaja en la industria de la construcción y en fincas privadas; empero no paga impuestos, y su precaria salud (y la de sus familias) es resuelta en los hospitales públicos. Ellos han monumentalizado nuestros cinturones de miseria, nuestra crisis económica y de seguridad pública.

Sin control de los habitantes dentro de su territorio, una nación no puede llamarte tal. Aquí no lo tenemos; los extranjeros andan “a la brigandina”. No me canso de reclamar atención para la frontera dominico-haitiana. Y no hablo de represión, porque –pienso– no hay mejor fortaleza para detener la galopante pérdida de nuestra soberanía y de aminorar el impacto del crimen organizado que desarrollar las cinco provincias de la línea, desde el norte hasta el sur, allá en mi Pedernales del mar Caribe. Nadie escucha el clamor en el Estado dominicano. La clase perfumada haitiana, que se ha quedado con todo en desmedro de la calidad de vida de su gente, es igual de sorda pese a que debería ser menos irresponsable y reconstruir a su país, con el auxilio de Canadá, Francia y Estados Unidos, tres naciones súper poderosas de América y Europa, que tienen mucho que ver con la historia y el devenir haitianos.

La salvación de Haití no es, bajo ninguna circunstancia, la mudanza total a territorio ajeno tras depredar el suyo hasta el tuétano, durante siglos. Porque eso ya no es migración sino ocupación; eso es, como poco, replicar el problema social en el vecino sin que éste tenga culpa. El rescate de aquel país es posible, pero deben comenzar por documentar a su gente, pues lo que allí hay, entretanto, es una manada de muertos civiles y dos o tres oligarcas que los miran con desprecio desde palacios incrustados en montañas exclusivas.

Que se oiga bien: nada de desvestir a un santo (un muerto) para vestir otro (otro muerto).

tonypedernales@yahoo.com.ar

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6 Respuestas sobre “Urgente: Desvestir un santo para vestir otro”

  1. Teodoro Lara dice: 15/01/2013 a las 12:47 AM

    La problemática de las relaciones dominico-haitianas refleja, en el plano social, una aplicación de la Ley de Pascal de los vasos comunicantes que se estudia en física: varios recipientes intercomunicados tienden a nivelar su contenido sin importar la forma y grosor de los mismos. Del mismo modo, las tensiones económicas y sociales de dos países tan desnivelados económica, política, institucional y socialmente pero “interconectados” por una frontera tan porosa como la que nos une (no que nos separa) ha de registrar inevitablemente un trasvase migratorio como el que ocurre entre los dos países. Por supuesto, el flujo se da desde donde haya mas tensión hacia donde menos tensión haya, como estuida la física. Del mas pobre al menos pobre. Simplemente. Mientras esta situación persista, persistirán los hechos de los que nos quejamos. Es, aunque en apariencia simple, un hecho complejo y complejo tiene que ser su abordaje. Verdad de Perogrullo? Bien. Entonces, actuemos en consecuencia ya.

  2. Guillermo Lantigua dice: 12/01/2013 a las 9:35 PM

    Dicen que Canada es el país que más cabildea para que dominicana y Haití se unifiquen en una sola nación, de hecho se dice que tenían un plan con Peña Gómez para encaminar esfuerzos en ese sentido, yo no entiendo la razón, lo que sí yo entiendo es que Canada es el país con más condiciones para resolver el problema de Haití si lo que quieren es que estos cambien de nacionalidad:Canada tiene muchísimo terreno valdío que podrían usarlo para reubicar la república de Haití.

    • Guillermo,

      Quien dijo todo esto. Por favor usted puede colocar los datos sino todo lo que tu dices son cuentos chinos.

      • Guillermo Lantigua dice: 14/01/2013 a las 10:03 PM

        Pirre: mis cuentos chinos se parecen a los tuyos cuando afirmas que un grupo de dominicanos “indocumentados”, en toa baja P.R, se amotinaron para que les den viviendas y también cuando dijiste que la universidad que le donó el sátrapa Leonel a haití era una inversión de comerciantes dominicanos, cuando tu arrojes todos esos datos yo arrojo los míos…

  3. PEDRO CASTRO dice: 12/01/2013 a las 12:55 AM

    LO ESTOY FELCITANDO POR ESE ARTICULO, PRIMER PERIODISTA DOMINICANOS QUE HABLA CLARO ACERCA DE ESTE PROBLEMA DE LA INMIGRACION HAITIANA.

    SIMPLEMENTE, NO PODEMOS TENER EN NUESTRA NACION, MILLONES DE HAITIANOS, PERMITIR QUE LA HAITIANAS VENGAN A PARA AQUI, QUE AUMENTE NUESTRA MISERIA, EMFERMEDADES, QUE DESPLAZEN A NUESTROS OBREROS Y CAMPESINOS DE SU PUESTOS DE TRABAJOS, QUE NOS DESACREDITEN EN EL EXRANJERO.

    ESTE PAIS TIENE DOS PROBLEMAS MAYORES: DELINCUENCIA Y LA INMIGRACION HAITIANA.

    • Guillermo Lantigua dice: 14/01/2013 a las 10:10 PM

      PEDRO CASTRO: generalmente coincido contigo en tus diferentes opiniones, pero en este caso diciento de tu concepto por cuanto los haitianos no desplazan a los obreros dominicanos, quienes los desplazan son los contratistas porque los haitinos, al igual que nosotros cuando emigramos a otros paises, trajan por menor salario y sin derecho a ningún tipo de prestaciones, aunque creo en que la emigración ilegal debe dejar de ser negocio para los que están supuestos a detenerla.