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Una película reaviva la polémica por la muerte de Bin Laden

Bin Laden aún vivo, imagen mostrada por el Pentágono.

Bin Laden aún vivo, imagen mostrada por el Pentágono.

WASHINGTON, EE.UU.- Los restos del ex cabecilla de Al Qaeda, Osama Bin Laden, descansan hoy en un punto perdido del Océano Indico –según la versión oficial-, pero los brutales métodos utilizados para llegar hasta su escondite en una aldea paquistaní continúan atormentando a la Agencia de Inteligencia estadounidense.

En su más reciente intento por echar un manto de niebla sobre sus pecados del pasado, la CIA lamentó este fin de semana la forma en que la película “Zero Dark Thirty” presenta los diez años empleados en la caza del terrorista.

El filme, nominado a cuatro Globos de Oro, muestra a un grupo de agentes obsesionados con la captura del malogrado cabecilla y sugiere que el programa de torturas fue útil para dar con su paradero.

“Esa impresión es falsa. Como hemos dicho antes, la verdad es que múltiples líneas de inteligencia condujeron a los analistas de la CIA a concluir que Bin Laden estaba escondido en Abbottabad”, reconoció el director en funciones del organismo, Michael Morell, en una carta dirigida a sus empleados.

Morell, quien desde hace un mes ocupa el cargo tras la renuncia del general David Petraeus por una relación extramarital, asegura que muchas otras fuentes aportaron pistas, pero a renglón seguido da a entender que las torturas estuvieron justificadas en algún grado al afirmar que algunas pistas también provinieron de detenidos sujetos a lo que él llama “técnicas mejoradas”.

Kathryn Bigelow, ganadora del Oscar en 2010 por “The Hurt Locker”, no se ahorra en su nueva entrega cinematográfica reveladoras y duras escenas de prisioneros siendo sometidos a “Waterboarding” (ahogamiento simulado), privados de sueño, encadenados al techo en posiciones imposibles o forzados a meterse en pequeñas cajas por sus captores.

Esta descarnada aproximación trae otra vez a la memoria una etapa lamentable de la CIA que pone en entredicho la honorabilidad de sus empleados y la credibilidad de Estados Unidos como país defensor de los derechos humanos. Morell apunta hacia los realizadores, a quienes acusa de tomarse demasiadas licencias artísticas sobre el trabajo de los agentes, algunos de ellos muertos mientras servían al país. “No podemos permitir a Hollywood empañar sus memorias”, condena.

La carta del funcionario, que finaliza exaltando la captura de Bin Laden como un hecho glorioso, no condena, sin embargo, el comportamiento de la CIA durante esos años y sugiere que es el momento de pasar página a un debate que también se ha avivado tras un informe del Congreso.

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