“La doctrina de Jesús”: un lindo esfuerzo de reivindicación del ideal comunista

Narciso Isa Conde.

Narciso Isa Conde.

Al comandante Chávez, por su valor, su dignidad y su carga de esperanza.

Queridos/as amigos/as presentes en esta emotiva tarde-noche de diciembre:

Por segunda vez, en este mismo lugar, Vicente Tapounet Loynaz -autor de la obra que hoy presentamos a la sociedad dominicana, amigo de juventud y hermano de ideales- me premia con la singular oportunidad de pronunciarme sobre un tema de vibrante actualidad y enorme trascendencia en el contexto de la presente crisis –probablemente de carácter terminal- del régimen de la esclavitud asalariada y en pleno albores de la nuevas y refrescantes indignaciones juveniles y populares contra los efectos desgarradores del capital imperialista, hoy más concentrado, egoísta y voraz.

Convicciones y emociones me traen aquí.

El año pasado me tocó hablarles de su anterior entrega: “El fichero y la gaveta cursed”, curiosa y atractiva forma de llevar a la literatura el militante parecer de su autor sobre la primera revolución anti-imperialista y anticapitalista en el Hemisferio Occidental, orgullo de nuestra América.

Entonces les decía, que por convicciones muy profundas, las cuales han inspirado desde adolescente mi participación contestataria en esta sociedad agobiada de injusticias y opresiones, y por los agradables recuerdos puerto-plateños implícitos en esa convocatoria y en ese tema (del cual mi querido Tío Fello fue mi primer maestro cuando residíamos en esa lindo pueblo norteño), de ninguna manera podía rehusar aquella fraterna invitación de Vicente.

Ahora me pasó igual, porque para mi es demasiado gratificante compartir con Vicente, su familia y ustedes  este apasionante sueño de siglos, presente en su nueva obra y presente en innumerables combates por la emancipación de la humanidad.

Las buenas nuevas y el comunismo de Jesús.

La “Doctrina de Jesús” de Vicente Tapounet trae a la actualidad, desde más de dos mil años atrás, en forma amena, penetrante y novedosa, con una prosa sencilla y pulcra, los abatares de Jesús de Nazaret y sus Apóstoles contra las injusticias, las desigualdades, los abusos y la explotación; estableciendo sutiles comparaciones e inteligentes y perspicaces insinuaciones subversivas respecto a la cruda e indignante realidad de este país y del mundo en estos tiempos de la llamada pos-modernidad.

El autor se ubica -y nos ubica- en Galilea dos milenios atrás, zona todavía terriblemente convulsa, para reivindicar de nuevo, en plena era neoliberal del capitalismo, “el proyecto profundamente humano”, que entonces procuraba “cambiar el mundo”: un hermoso andamiaje de “buenas nuevas” (evangélico por tanto) que le permitió a Jesús, el sencillo hijo de María y de José el carpintero “estructurar-como nos dice Vicente- lo que a la postre fue su gran obra de amor al prójimo: la doctrina comunista; es decir, la verdadera enseñanza para eliminar el egoísmo humano, para hacer realidad la fraternidad humana”.

De como el pasado remoto enlaza con el presente y el porvenir.

En este libro Vicente Tapounet logra la magia de resumir y relatar espléndidamente ese remoto pasado de luchas, sacrificios y sueños redentores, induciéndonos a pensar en el pasado reciente y estremecedor, en el presente cruel y crujiente, y en el porvenir necesario para liquidar la hegemonía de la maldad.

Los emperadores Tiberio, César Augusto y sus antecesores bien podrían ser Nixon, Bush, Obama o Clinton. Su brazo derecho, Aelio Sejano u otro similar, pudiera parecerse a Kissinger.

Trujillo pudo emular a Herodes. Balaguer y el Perínclito Leonel imitar el rol de Poncio Pilatos. Margarita, la esposa de Leonel, pudo ser la reencarnación de Claudia Prócula, la mujer de Pilatos.

Lucio Petronio, el gran constructor, con muchas obras que exhibir en la vieja Jerusalén, sería la fuente inspiradora de Guaroa Liranzo, Miguel Vargas, Diandino Peña, Díaz Rúa, Freddy Pérez y el Gato Félix Bautista.

Caifas tiene un especial parecido al Cardenal, aunque también podría mutarse, si deja a un lado la soberbia, en el inefable Agripino. Y el poderoso Sanedrín sería la mezcla de las Altas Cortes, la Cámara Americana y el CONEP.

El odio de esos emperadores esclavistas contra el pueblo palestino y el pueblo judío de aquellos tiempos, sería equiparable al que sus sucesores modernos y postmodernos, ubicados en la época del capitalismo y el imperialismo senil, le profesan a los pueblos oprimidos y empobrecidos del planeta, incluido el dominicano y muy especialmente el haitiano.

Aquella esclavitud remota ha pasado a ser la esclavitud asalariada del capitalismo industrial y micro-electrónico, con sus nuevas inseguridades, penurias, crueldades e hipocresías.

Los mercaderes y esclavistas de antaño se proyectan hoy en los grandes burgueses del presente; todos símbolos de riqueza y opulencia en contraste con la inmensa, explotada y excluida pobrecía, que suma las tres quinta parte de la humanidad. Los banqueros cuasi digitales son el relevo de los burdos usureros de ayer.

La crueldad de los ejércitos es similar e incluso peor.

Varían los métodos de explotación y opresión, los patrones tecno-científicos de los procesos productivos, el nivel desarrollo de la ciencia; los modos y maneras de producir, distribuir, trasportarse, alimentarse; la relación entre lo urbano y lo rural, los grados de concentración de riquezas y de poder, la dimensión y características de los imperios, los niveles de internalización y de el control de territorios, espacios y poblaciones.

Varían las armas de dominación y de exterminio, y los medios de alienación.

Rebeldes y rebeldías parecidas.

Las rebeldías y los/as rebeldes se parecen, salvando los abismos en el desarrollo del conocimiento, las formas de comunicar las ideas y de organizar las resistencias, las ofensivas y los alcances de los liderazgos.

Juan Bautista, Jesús y los Apóstoles –salvando y saltando épocas- guardan un gran parecido con Marx, Engels, Lénin, Trosky, Rosa Luxemburgo, Mao, Ho Chi Ming y Fidel. El Che tiene una especial sintonía con Jesucristo, y Chávez y Caamaño la impronta de Espartaco.

Las violaciones, los femenicidios, las masacres, los genocidios, las torturas… son comunes a ambas épocas, y a otras intermedias; y las víctimas y sus victimarios presentan asombrosas y espeluznante similitudes.

El Che decía con razón que “entre cristianismo y revolución no hay contradicción”, mientras Jesús “entendía –así lo enfatiza Tapounet Loinaz- que la causa de la injusticia era la riqueza en poder de unos pocos y que había que cambiar un mundo que se presentaba al revés”.

Marx, Engels y Lénin, fundadores del socialismo modernos, y sus esforzados continuadores por un espacio de 150 años de historia, han colmado de ciencia, actualidad y prospectiva esas reflexiones y conceptos a lo largo de un duro e inconcluso batallar anticapitalista y antiimperialista, que ahora recobra energías.

Eduardo Galeano nos habla muchas veces de ese mundo todavía -y más ahora que antes- “al revés”, y nos convoca a impugnarlo.

Distante en el tiempo las formulaciones, la vida en comunidad y la propiedad colectiva aparecen en ambos procesos históricos como el ideal a conquistar. La revolución en ambas épocas se esgrime como algo necesario y pertinente, con su intensa carga contra la explotación, la usura, el terror, las guerras injustas y las leyes opresoras.

Jesús clamaba por la paz, por la abolición de la propiedad privada sobre la tierra y la naturaleza, y por el fin de la esclavitud.

Planteadas esas ideas veinte siglos atrás, es inocultable que coinciden hoy con la condenas a las guerras imperialistas contra Palestina, Irak, Afganistán, Libia; con el rechazo a las amenazas de agresión a Cuba, Venezuela, Irán, Siria…

Y coinciden muy especialmente con la necesidad de subvertir la esencia explotadora y excluyente del capitalismo, más allá de la demanda de salarios justos y dignos de que nos habla Vicente en este libro; porque de lo que se trata es de abolir la esclavitud moderna, de superar el trabajo asalariado, de convertir a los/as trabajadores/as en dueños y gestores de todos los medios de creación de riquezas y de todos los poderes; propiciando incluso, a mas largo plazo, la extinción del Estado como superestructura, como propietario y también como órgano coerción, regulación o  arbitraje.

Por eso acusaron a Cristo de atentar contra el Estado, de oponerse a la ley mosaica, de propiciar la rebelión de los/as de abajo.

Por eso nos acusan hoy de lo mismo, nos llaman terroristas y nos condenan por subversivos.

Subversivos sí, por que amamos la verdad y la justicia. Por negarnos –como lo hizo Jesús en su tiempo- a no aceptar el dogma atribuido a la justicia de Dios que hablaba de “darle al César lo que es  del César”.

¡Al César nada! Porque todo se lo ha robado en forma de plusvalía, atracando por demás, a lo Ladronel, a los contribuyentes de su Estado.

¡Al César y a los suyos nada! Porque apacible y gustosamente abrazado a Falcondo, a la Barrick y demás corporaciones “chupa sangre”, pretenden engullirse y corroer las entrañas de la patria y de la humanidad. A lo Balaguer y más tranquilo que Bobby…

Es verdad Vicente: veinte siglos después el Planeta Tierra está lleno de “maldades”. Pero maldades que dominan Estados y estructuras de poder extra-estatales. Maldades auspiciadas por los de arriba, no arraigadas en las bases de las sociedades. Maldades que el cristianismo liberador, distante del opio de los pueblos y de la teología de la dominación, de la mano de un remozado “comunismo para el siglo XXI”, tienen el reto de derrotar, convirtiendo la indignación movilizada en poder de los parias y olvidadas/os de la Tierra, que equivale a la ausencia de un poder por encima y contra la humanidad…cuanto antes mejor.

(Palabras pronunciadas en la puesta en circulación del libro “La doctrina de Jesús”)

¡Hasta la victoria siempre!

The following two tabs change content below.

Comenta a través del sitio

O comenta usando Facebook

No hay comentarios desde nuestra web... Sé el primero en dejar uno!