Atención: todo lo que usted presencia esta mañana luminosa es irreal, pues su mundo ya no existe. La Tierra implosionó, los océanos cubren los continentes con sus islas adyacentes, cesó la palabra humana, no hubo tiempo ni para hacer el panegírico de la humanidad y las salamandras imponen, por fin, su imperio absolutista. Si acaso escucha algo, es el eco difuso de una gran carcajada: la de aquel sabio del Segundo Imperio maya que, guiado por el Chilam Balam, escribió sobre las piedras que, desde la medianoche de hoy, el mundo del nuevo oscurantismo global se iba a acabar.
Ramón Colombo
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