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Rincón Familiar: El costo de ser pelotero

Solange Alvarado Espaillat.

Hace días recibí en el consultorio a una familia con un chico alto, fuerte, bueno en béisbol que  salió a Estados Unidos detrás del sueño de ser pelotero de grandes ligas.

En un país como este con tan pocas oportunidades, la posibilidad de tener un hijo que llegue a este nivel en el deporte se convierte en el sueño familiar que genera expectativas económicas que muchas veces dejan de lado otros temas alrededor  de esta “oportunidad”.

El llegar a ser seleccionado para un programa ha tenido luchas y dolores que sólo los padres y las madres conocen. La primera lucha es poder sostener económicamente el entrenamiento y los requerimientos para poder llevarlo al nivel de que sea mirado como una posibilidad. Las horas de trabajo, el costo de la alimentación y el cuidado para mantenerlo en la condición física que amerita y requiere.

Luego, las luchas internas, las que se dan dirigidas por los entrenadores en los programas, antes de llegar al nivel superior que esta más regulado.  Aquí entre los entrenadores y los padres  se sostienen las  pugnas, los sobornos, las injusticias, pues tanto los entrenadores como los padres entran en el juego de hacer cualquier cosa para cumplir su objetivo que, finalmente y lamentablemente, termina siendo económico en ambos casos.

Muchas veces pudiese no tomarse en cuenta el sentir, pensar y sufrir del chico que a fin de cuentas será el que centrará su proyecto de vida en esta decisión. Conocemos historias tristes de muchachos que luego de promesas, esfuerzos, días de estrictos entrenamientos y afanes son sustituidos por otro que pago más para ocupar la posición en los programas intermedios.

Si el chico logra irse inicia otra gran lucha que fue la vivida por la familia que recibí en consulta y que motivó este artículo.

El sueño deportivo se convirtió en pesadilla y tuvo que venir de regreso a Santo Domingo, un joven valiente que sencillamente dijo NO  a los abusos.

Lo que encontró fue discriminación, golpes, abusos, entrenadores sin educacion que consumen alcohol, drogas y bajo sus efectos los chicos eran maltratados y vejados, el no estuvo dispuesto a soportar, el precio por el sueño era muy alto, su dignidad, su integridad, valían más que ello y no estuvo dispuesto a pagarlo.

Se puso él en primer lugar, olvidándose de la expectativa familiar, lo que pensarán en el barrio, cómo lo mirarán sus amigos, el tema económico. Llamó a su familia y ellos le respondieron con la misma fortaleza y dignidad con que él había actuado, que es la misma que le servirá para logra cualquier cosa que se proponga en lo adelante.

Tener una familia que nos haya legado una autoestima que permita defendernos, preservarnos, luchar y lograr las metas sin negociarnos a nosotros mismos es un privilegio. Para los que trabajamos con familias un aliento para continuar la tarea con alegría y esperanza.

solangealvarado@yahoo.com

Twitter: @solangealvara2

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