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Libertad y respeto

En la democracia y su vigencia efectiva, lo determinante es un justo equilibrio en el ejercicio de derechos y deberes para que la institucionalidad no sea vulnerada, siendo garantes de ella tanto los ciudadanos como el Estado.

La protesta es una prerrogativa garantizada por la Constitución y las leyes adjetivas cuando personas individuales o entidades se sienten afectadas por medidas, iniciativas o legislaciones generales o sectoriales.

Para que este derecho fundamental sea debidamente respetado y preserve su esencia, no puede ser ejercido con actos violentos que alteren la paz pública o pongan en peligro bienes, propiedades  o la integridad física de cualquier ciudadano.

Cuando por falta de conciencia y de organización se pierde el control en manifestaciones callejeras, las pasiones se desbordan, se producen daños a propiedades y gente ajena a estas demostraciones resultan generalmente lesionadas.

Hacemos estas reflexiones, a propósito del debido tacto que deben observar, tanto las organizaciones convocantes a estas jornadas como las autoridades encargadas de garantizar el orden, a fin de que evitar excesos o desmanes.

En ocasiones, un inadecuado sistema de seguimiento y vigilancia de marchas y manifestaciones tiende a producir una mayor tensión en el ánimo de los manifestantes, dando pie a confrontaciones que bien podrían evitarse con un poco de sangre fría.

Por su parte, los grupos populares que tienen derecho a expresar su descontento, deben comprender el papel de la Policía en estas situaciones y manejarse con prudencia, como se ha observado en líneas generales con los últimos actos de protesta por el paquetazo fiscal.

A diferencia de otras oportunidades, donde se han producido balances de lesionados y hasta víctimas fatales, afortunadamente hasta ahora estas demostraciones se han desenvuelto de manera pacífica, solo con algunos hechos aislados.

Es de esperar, pues, que los ciudadanos  preserven el derecho a la protesta no traspasando el límite de la prudencia, mientras a las autoridades les toca un papel cada vez más complejo y delicado para no coartar la libertad en democracia.

 

 

 

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