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La eurozona y el FMI siguen estancados en las negociaciones sobre Grecia

Fondo Monetario Internacional (FMI).

BRUSELAS, Alemania.- Los ministros de Finanzas de la eurozona, el BCE y el FMI siguen buscando, diez horas después de haber iniciado su reunión sobre el futuro del rescate a Grecia, las fórmulas que les permita cerrar el agujero fiscal del país y hacer sostenible la deuda helena sin tener que asumir una quita.

Los 17 ministros de Finanzas de la zona del euro negocian con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, y el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, una solución consensuada en medio de diferencias entre las partes sobre el calendario y las maneras de ayudar a Atenas sin inyectar dinero nuevo en Grecia.

De momento no han trascendido detalles de las negociaciones, pero un informe de la troika reveló que Grecia necesitaría una ayuda adicional de 32.600 millones de euros hasta 2016, con la extensión de dos años que le concedió la eurozona para acometer los ajustes exigidos.

Las necesidades de financiación de Grecia se elevarían así a 15.000 millones de euros para cerrar el agujero fiscal hasta 2014 y a 17.600 millones de euros en 2015 y 2016, si se tiene en cuenta la prolongación de dos años para acometer los ajustes.

Ante el rechazo general de los países a una eventual quita de la deuda griega que tienen acreedores públicos, los ministros intentan cuadrar las cifras mediante una combinación de medidas.

Entre otras, se estudia desde una nueva reducción de los intereses que la eurozona cobra a Grecia por préstamos bilaterales, a una recompra de deuda por parte de Atenas, algo que los expertos consideran complicado.

En febrero pasado, la eurozona redujo de manera retroactiva los intereses que cobra a Grecia por préstamos bilaterales desde 2010.

El margen se situó entonces en 150 puntos básicos frente a los 200 previstos para los primeros tres años y los 300 posteriores.

También se contempla un alargamiento de los vencimientos y que el BCE renuncie a los beneficios obtenidos sobre los bonos griegos que acumula por valor 55.000 millones de euros (que se estiman en hasta 15.000 millones) y los pase a los bancos centrales nacionales, para que luego los gobiernos se los transfieran a Grecia.

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