Cien días de gracia: ¿para quién?

Rosario Espinal.

Algunos funcionarios del peledeísmo se han quejado de la cantidad de protestas durante los primeros cien días de gobierno de Danilo Medina. Según ellos, a todo nuevo gobierno se le concede ese período de gracia. Pero precisamente ahí radica el problema. El gobierno no es nuevo. De nuevo solo tiene a Medina como titular de la Presidencia de la República y unos cuantos funcionarios de sus más íntimos colaboradores.

Después de pronunciar un discurso de toma de posesión que prometía cambios importantes, y fue bien recibido por la población, Medina se trasladó al Palacio Nacional a reconfirmar la mayoría de los funcionarios del pasado gobierno. Ahí mismo desvaneció la euforia del discurso.

Mucha gente, en busca de explicación, dijo que Leonel Fernández y el Comité Político le impusieron el gabinete. De ser así, todos sufren de miopía política: Fernández y el Comité Político por imponerlo, y Medina por aceptarlo. Y si no fue impuesto, entonces Medina es el único responsable de ese desatino.

Todo nuevo gobierno, aún haya sido reelegido con gran entusiasmo (que no fue el caso del PLD en 2012), tiene que renovar su equipo. La democracia no es una monarquía; es un sistema político fundamentado en el cambio, en las nuevas ideas, las nuevas esperanzas. Más aún, muchos funcionarios no eran bien vistos por la población, ya fuera por denuncias de corrupción, por posturas arrogantes, o simplemente porque el poder desgasta.

Reconfirmar tantos viejos funcionarios enviaba también la señal de que en el país no habría justicia ante las denuncias de corrupción, ni siquiera con una destitución.

El segundo grave error del gobierno en los primeros cien días fue imponer un paquetazo fiscal con un teatro mal montado de búsqueda de pacto. El apuro por aprobar los impuestos era tal, que ni siquiera se dieron el tiempo necesario para intentar seriamente negociar en el Consejo Económico Social (CES) un acuerdo mínimo de reforma fiscal.

Y es que la deuda externa es tan grande, y el déficit fiscal por igual, que dilatar la negociación les aterraba por las implicaciones monetarias. Pero hay que tener mucho descaro político, o demasiada autoconfianza en el poder, para desoír tantos sectores representados en el CES y perder capital político tan rápido.

Luego están los 187 mil millones de pesos de déficit fiscal, que ahora pronostica el Fondo Monetario Internacional serán unos 200 mil millones. Dijo Reinaldo Pared Pérez que Leonel Fernández no se los llevó a su casa, y asumamos que no, ¿pero dónde fue a parar tanto dinero en un año electoral? Ni siquiera el congreso complaciente controlado por el PLD aprobó tantas partidas. Por eso preguntan los jóvenes en protesta: ¿y mis chelitos?

¿El Plan de Alfabetización? ¡Fabuloso! Pero que haya analfabetos en el país en pleno siglo XXI da lástima. ¿Cierre de algunas oficinas gubernamentales? ¡Bien!  Pero han sido hasta ahora pequeñas oficinas, cuando hay ministerios innecesarios y una diplomacia muy abultada.

Danilo Medina tiene que impulsar programas de real impacto positivo en la sociedad dominicana si quiere echar adelante su gobierno. Pero aún en medio de posibles medidas positivas, el lastre que arrastrará por mantener los mismos funcionarios y por el paquetazo impositivo, marcará el accionar político dominicano por algún tiempo.

Los personeros del gobierno que irritan la población y el grito de bolsillos vacíos por los nuevos impuestos, continuarán generando descontento, aún salgan del escenario público los jóvenes en protesta.

Quien necesita cien días de gracia no el gobierno, es el pueblo dominicano después de los últimos garrotazos: más impunidad y más impuestos.

Artículo publicado en el periódico HOY

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